viernes, 9 de enero de 2015

A veces me recuesto en el pasto, mirando el cielo imagino que hay detrás de esa aparente pared celeste, imagino todo el universo, es extraño porque nunca lo vi, pero mi mente está influenciada por una idea de universo que me enseñaron desde chica en el colegio o que vi en documentales, una idea de cosmos infinito abalada por la ciencia que fue producto de un proceso de investigación y observación de muchos años y que dicho concepto o visión del universo se fue modificando a medida que mejoraban los instrumentos de investigación o que otros descubrimientos aparecían y se complementaban o contradecían los ya establecidos. Entonces, yo recostada en el pasto, me pregunto, ¿Qué abra allá afuera? ¿Acaso todo el universo infinito está permanentemente sobre mi cabeza, mientras yo llevo una vida simple de humana? Eso que yo imagino que hay mas allá de lo que mis ojos humanos me permiten, es el resultado de tantas cosas que fui absorbiendo como consecuencia de la cultura, que yo ya no sé que es lo que hay allá afuera.


Cada ser tiene una visión tan particular del mundo que la realidad absoluta no la conoce nadie, todo pasa a través de nuestros sentidos y en el camino se distorsiona, intervienen nuestras experiencias personales, culturales y biológicas, entonces, la pregunta ya no es qué hay allá afuera, porque evidentemente nadie lo sabe con certeza, pero tampoco me conformo ni me siento cómoda sin saberlo, no confío en otros seres humanos que se encargan de decirme que es la realidad, por eso yo siempre me estoy preguntando todo, creyendo que todo es posible, que no existen límites para el descubrimiento así como tampoco para la imaginación, mi cuerpo físico termina en mi piel, el mundo exterior termina en el mismo lugar, la capacidad de la mente no termina y es en ese lugar donde lo exterior parece atravesar el cuerpo , se mezcla con lo interior y nacen las ideas.

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